Austiñe vino al mundo como la sexta de ocho hermanos en una humilde aldea oculta en los valles de Vizcaya, a un tiro de piedra de la villa de Guernica y bajo la sombra del camino real que conecta el puerto de Bermeo con Durango. En aquella tierra de orografía ruda, la vida se medía en cabezas de ganado.
Al calor del hogar, sus hermanos mayores narraban historias para asustarla: susurros sobre las lamiñak, bellas damas de río con pies de pato, y sobre el Basajaun, el señor de los bosques, cuya zancada hacía crujir las hayas milenarias que rodeaban sus pastos. Pero en lugar de encogerse de miedo, el corazón de Austiñe se encendió de curiosidad.
A los dieciséis años, desafiando las advertencias, subió a lo alto del monte pagano para buscar a Ermiñe, una mujer que vivía sola en el mismo monte donde a veces guiaba los animales. La vieja vivía aislada en una cabaña de piedra que apestaba a humo y a grasa de tejo. Para la joven, aquella anciana huraña era la encarnación misma de los mitos que sus hermanos tanto mentaban, pues cumplía en su imaginación el perfil exacto de esas invenciones.
Una vez se hizo amiga de Austiñe, La vieja Ermiñe no sólo le confirmó la veracidad de esas fábulas, sino que, cada vez que recibía la visita de la joven le mostraba todo aquello que ella misma había aprendido de esos protagonistas hasta ahora fantásticos. Poco a poco, entre aquellas cuatro paredes ahumadas, Ermiñe le fue enseñando a su nueva pupila a leer el vuelo de las aves, a consagrar ungüentos a la luz de la luna y a elaborar remedios capaces de cerrar en horas las dentelladas de los lobos más feroces. Austiñe absorbió el conocimiento herbolario y los ritos curativos con una devoción casi mística.
La tolerancia de las enseñanzas de Ermiñe era buena en la joven Austiñe. Cuando guiaba con sus perros al rebaño, siempre descansaba en la casa de la solitaria mujer. A sus padres no les gustaba que se relacionara con aquella anciana, protagonista de tantas habladurías y murmullos en la aldea y más allá, en Guernica. Se decía de ella que era una bruja y había metido al diablo en su propia casa. Sin embargo, Austiñe la consideraba una mujer bondadosa y aquellos saberes que le daba a conocer eran impresionantes, a la par que útiles.
Sin embargo, pronto hubo un punto de inflexión que llegó a la vida de Austiñe. Una noche de tormenta, mientras intentaba refinar un bálsamo destinado a otorgar el vigor del oso a las reses enfermas, la muchacha alteró las proporciones. Añadió demasiada belladona y destilado de otros raros componentes en un rito equívoco que Ermiñe le había advertido no usar a la ligera. Y al aspirar los vapores purpúreos del caldero donde mezclaba los ingredientes, su realidad se quebró. Austiñe cayó al suelo, convulsionando, atrapada en un delirio donde el techo de la cabaña desaparecía y cientos de lamiñak la rodeaban; aquellos terribles seres estaban ahora picoteando su piel con mientras el diablo danzaba en forma de macho cabrío.
Pasaron tres días antes de que despertara. Ermiñe la había arrastrado de vuelta a la vida a duras penas, usando cataplasmas de estiércol y ceniza sagrada. Las secuelas físicas fueron devastadoras: su cuerpo quedó debilitado y un temblor crónico se asentó en sus manos y piernas, restándole la vitalidad que antes le sobraba. En su pierna izquierda, desde la rodilla hasta el tobillo, la piel se tornó perennemente escamosa, dura y de un tono amarillento, similar a la extremidad de un ave de rapiña. Un macabro recordatorio de que quien juega con el saber oculto, paga un diezmo de su propia carne.
En la actualidad, Austiñe sigue siendo pastora, pero ya no es una muchacha común. En su aldea y en los mercados de Guernica la miran con una mezcla de reverencia y temor; la llaman para sanar fiebres que los matasanos de la villa dan por perdidas, aunque se santiguan cuando ella se da la vuelta.
Para compensar la pérdida de su fuerza física y proteger al rebaño de las manadas de lobos (y de cosas peores que aúllan en el monte), su padre la instruyó en el manejo del arco. Desde la distancia el pulso de Austiñe se vuelve firme y letal con la cuerda tensada. Sigue visitando a Ermiñe a escondidas, pues ya no busca fantasías infantiles, sino más bien respuestas para la extraña piel que cubre su pierna y el conocimiento necesario para no volver a cometer el mismo error... si es que la Iglesia o la sospecha de sus vecinos no la alcanzan primero.
Reino: Corona de Castilla
Pueblo: Vasco
Clase social: Campesina
Profesión: Curandera
Prof. Paterna: Pastor
Familia:
- Padres vivos. 2 Hermanos (ella es la menor)
Características primarias:
FUE 10
AGI 15
HAB 20
RES 10
PER 15
COM 15
CUL 15
Características secundarias:
Suerte: 45
Templanza: 55
RAC/IRR: 25/75
PV: 10
Aspecto: 16 (Normal)
Edad: 20
Altura y Peso: 2 varas / 135 libras.
Competencias Primarias:
Alquimia 45%, Conoc. Mágico 70%, Empatía 80% (Paterna), Sanar 70%
Competencias secundarias:
Astrología 45%,Conoc. Animal 35%, Descubrir 30%, Leyendas 60%, Medicina 35%
Orgullos y Vergüenzas:
-Clase social Baja (Campesino)
-Defecto físico: Pierna escamosa
-Versado en Leyendas (+25% Leyendas)
-Educación Arcana (+25% Astrología y Con. Mágico)
Hechizos:
Saber de Partera (Vis 1), Vigor (Vis 1), Piedra de Sanación (Vis 3)
Éste y otros personajes Jugadores para Aquelarre
se recopilan en el apartado "Recursos para Aquelarre"