2 oct. 2016

"Cuando los Caxtiltlacah asolaban el Poniente" (Epílogo)


Habían pasado dos años de aquellos hechos. Los Jugadores aún seguían presos de este segundo cacique, Na Chan Kan, líder de los Chetumales de Ichpaatún. Pese al estatus de esclavo, las diferencias con un integrante de la comunidad no eran realmente importantes. Un día, el fraile Gerónimo de Aguilar reunió en secreto a Haine, Orazio y Rui. Les contó que dos indios habían ido a su encuentro para entregarle un fino pergamino:


Señores y hermanos, aquí en Cozumél* he sabido, que estáis en poder de un cacique detenidos. Yo os pido por merced, que luego es vengáis aquí á Cozumél, que para ello envío un navío con soldados, si los hubiéredes menester, y rescate para dar a esos indios con quien estáis, y lleva el navío de plaza ocho días para os aguardar. Veníos con toda brevedad: de mí seréis bien mirados, y aprovechados. Yo quedo aquí en esta isla con quinientos soldados y once navíos. En ellos voy mediante Dios la vía de un pueblo que se dice Tabasco ó Potonchán (Chakan Poton).

Fdo. Hernando Cortés Monroy Pizarro Altamirano, servidor del gobernador de Cuba perteneciente a la Corona española don Diego Velázquez de Cuéllar

                * Isla de Cozumel, frente a la costa este del Yucatán.

El fraile les enseñó además las reliquias y cuentas verdes que los dos indios, mensajeros a todo efecto, le habían dejado su cabaña: metales preciosos, fardos de ropa, camisas blancas y otros materiales que recordaban a los jugadores a Castilla. Aquello era el pago del rescato por vuestra libertad. Fray Gerónimo en breves comunicaría este acercamiento al líder Na Chan Kán, y preguntó a los jugadores si querían compartir el destino "de la salvación" o si se quedarían en su nueva vida.

  • José apuntó que en este lugar no era menos esclavo que en Castilla o Portugal, partes del Viejo Mundo. En esta nueva tierra no le señalaban por ser judío, según sus palabras.
  • Rui también fue claro, y pese a los terribles años de cautivero no acabó nunca por acostumbrarse a su nuevo estado. Apoyó la idea del fraile y estaba dispuesto a volver a su lugar de origen.
  • Orazio confesó que aunque su corazón y su fé estaban con el dios cristiano, su nueva vida se asentaba al otro lado del mar, donde estaba ahora. Con deseos de esperanza y bondad despidió al fraile y a Rui.

* * *

No cabría en la cabeza del capitán Hernán Cortés, ni de ningún otro cristiano, que los españoles no quisieran ser rescatados. Además, teniendo en cuenta los objetivos de su expedición, debió percatarse de la enorme ventaja que sería contar con un par de castellanos que hablasen el idioma de aquellas tierras. Por tanto, decidió contactar con ellos enviándoles sendas misivas en las que les exhortaba a unirse a su expedición y le marcaba el punto de encuentro.

El padre Gerónimo acogió con buena voluntad las palabras de Rui, que había mantenido, casi inexplicablemente, la fe todos esos años, como Aguilar. Asi que ambos fueron a ver al líder Na Chan Kán, y a darle explicaciones, mostrarles la carta de Cortés y sobre todo entregarles las cuentas verdes y los fardos de ropa. Éste, finalmente, les dio la licencia para que fuesen donde les tuviera en gana como hombres libres.

Después Gerónimo fue a ver a Gonzalo. Él era un hombre libre dentro de los Chetumales, aunque también tenía descendencia y una reputación importantísima dentro de ellos. Tras invitarle a marchar de aquel sitio, éste apeló a su matrimonio y sus hijos, a su buen estatus militar dentro de la comunidad de Ichpaatún y sobre todo a su aspecto: el cuerpo labrado, las orejas horadadas y el rostro irreconocible, ¿qué dirián de él a la vuelta?

Tras partir Fray Gerónimo y el joven Rui junto con algunos indios montados en caona, Andrés de Tapia soldado y cronista leal a Cortés, fue el primer español que reconoció y abrazó en la isla de Cozumel a Jerónimo de Aguilar, el náufrago de la flota de Nicuesa que habría de servir como intérprete de la lengua maya. Cortés mandó a Tapia junto con otros dos soldados a recibir las canoas con indios. Pero fray Gerónimo, cuyo aspecto indígena no era diferente al de sus acompañante, se identificó pronunciando con dificultades en castellano la frase "Dios y Santamaría e Sevilla", abrazando a Andrés de Tapia.

Habían superado la esclavitud.

De lo que le pasó a Haine y Orazio, conocidos seguramente con otros nombres, nada se sabe; quizá murieron en las últimas luchas contra los españoles o tal vez salvaron la vida para vivir un tiempo de plenitud en sus nuevos territorios. Mientras tanto Gerónimo de Aguilar y Rui Feijoo viajaron con Hernán Cortés (el primero como intérprete) por innumerables parajes, encontraron muchos pueblos a los que llevaron "las cosas tocantes a la suya Santa Fe" y por fin, tras fundar ciudades y hacerse amigos de innumerables pueblos, entraron en la gran ciudad, Tenochtitlán, capital mexicana del gran Moctezuma II.

De lo que pasó a partir de ahí es ya otra historia

FIN