7 ene. 2013

Phar-al-Groth (V de V)

  ...MI PROPIA HISTORIA

Miré a “Escoria”, y comencé a relatarle pasajes de mi vida:

-Está bien, te contaré algo sobre mí... -comencé-: era el año 34 en la Octava Era, de la División temporal de la Sexta Unión, según el calendario de nuestro pueblo, Pharen Tzá. Fue en el quinto mes cuando nací..

-Soy un Bellator de la Cofradía del Abedul... -observé cómo el tipo torcía la boca (o esa especie de orifico por el que hablaba) como mostrando desconocimiento acerca de lo que le decía-; ya veo.. . no conoces siquiera qué es un Bellator, ni El Abedul..., ni “La Coordenada” seguramente..., está bien: algo así como un guerrero, un militar más bien, procedente de Pharmaren, un planeta muy alejado de aquí... Bien, algunos Bellatores eran Guardianes con buena puntería, otros Artilleros o Pilotos de naves y cazas; yo era un Rastreador, algo así como un “reconocedor” del terreno, capaz de ocultarme y disparar a gran distancia, muy prudente, claro.

Acto seguido, “Escoria” me interrumpió, y yo dejé que lo hiciera. Me preguntó acerca de mi infancia, aunque rápidamente le conté lo que deseaba saber, en unos pocos segundos: fui una remesa de clase C, esto es, los físicamente preparados para luchar.

Fue incapaz de entenderlo. No concebía el desarrollo natural por medio de probetas, aun cuando eran máquinas automatizadas quienes las movían las muestras (nosotros), las mantenían en temperatura y las hacían crecer y desarrollarse en instalaciones de crianza. “Yo no entiendo qué extraordinario tiene pilotar un Munhgen”, pensé, “...aún siendo una gran mentira, por tu parte”. Luego le insté a que no volviese a interrumpir, acordando únicamente que le contaría cómo había acabado allí, capturado, con él, en ese almacén de una nave de aquel cazarrecompensas, contando la historia de mi vida.

-Fui instruido en una de las Academias de Bellatores de Pharmaren, donde aprendíamos los conceptos teológicos de la Cofradía del Abedul y el Arte de la lucha, así como técnicas de reconocimiento del terreno, estrategias militares o simplemente seguíamos un severo entrenamiento físico y con armas de toda clase. Veinte días al mes nuestro entrenamiento y aprendizaje era constantes, y ya desde el comienzo, el resto de días del mes acompañábanos a algunos Impertores en misiones diplomáticas, como prácticas de entrenamiento.

Noté que Escoria estaba tremendamente atento a mi narración... La Academia -continué- goza de mucho prestigio, y tras seis años de instrucción los cadetes obtuvimos el Lazo Sublime de los Bellatores, lo cual significa que nos es asignado uno o varios Impertores para su protección y lealtad de por vida. Esa es nuestra misión. Ni más ni menos. Concretamente la mía era hacer reconocimientos en los planetas o astros donde mi Impertor se preparaba en su desembarque, comprobando las medidas de seguirdad oportunas o el nivel de peligro estimado. Pocas veces entré en batalla o acusé problemas: la Cofradía del Abedul asumía plácidamente la palabra de nuestro gran dios: Phar.

Tras contarle más específicamente acerca de armas y estrategias de guerra, así como alguno de mis viajes a partir de aquella especie de graduación (los cuáles habían ocupado la totalidad de mi vida como Bellator guardaespaldas-rastreador, concretamente unos cincuenta años), comencé a narrar el porqué de mi estancia con él, compartiendo trágico destino.

-Hacía unos meses, el Impertor Phar-al-Bankle me fue designado para su protección. Era un Pharen Abedul muy disciplinado, y lo cierto es que jamás había oído hablar de él. El pelotón de Bellatores y éste fuimos a una pequeña Luna de Wol-Kashri, a medio año luz de distancia Pharmaren. Era un lugar sombrío, apenas sin vida, y su colonización se remontaba a la última Unión, “ayer”, podríamos decir.

Antes del desembarque, anuncié mi intención de explorar el valle donde nuestra nave aterrizó. Tomé un par de reclutas rastreadores (que a su vez hacían sus prácticas), y con los vehículos de rastreo comenzamos peinar la abrupta zona. Fue entonces cuando unos disparos de bláster abatieron a los dos Bellatores que iban conmigo, y yo pude zafarme contramanejando el vehículo (era raro que poblaciones jóvenes ofrecieran resistencia a otros pobladores o Cofradías). Por ello, antes de que el Impertor tomase tierra, pusimos un dispositivo especial, ayudado con androides de perimetraje. Todo tranquilo.

Días después, tras batir la zona con más precisión, logramos introducirnos en la pequeña comunidad de aquel valle, acompañados de nuestro Impertor. “Phar es la única explicación...”, comenzaba así a describirles las cosas tocantes a nuestra fe. Aquella comunidad se componía de seres procedentes del exterior de la Galaxia o incluso seres aún en proceso evolutivo, sin demasiado razonamiento lógico.

En un principio reconocieron haber sido los autores del despliegue hostil inicial, en el que perdimos dos compañeros, pero que había sido un mandato necesario. Tras indagar un poco en este aspecto, el Impertor Phar-al-Bankle dedujo que la posibilidad de que la Cofradía de la Partícula de Éberon hubiera llegado antes que ellos al satélite, inmiscuyéndolos en sus creencias acerca de Phar. No sólo fue así, sino que ellos mismos confesaron haber jurado lealtad y fe a “la Partícula” desde hacía poco tiempo, y sobre todo a un tipo conocido como Cass.

¿Cass? -pensó Phar-al-Bankle-. Intentó recordar algunos de los miembros de la partícula de Érebor, por si aquel nombre fuera alguno de sus militantes; nada de eso... En mis cincuenta años como Bellator había viajado demasiado por los tres Sistemas Solares y mas allá de la Galaxia..., y el Imperio, con el cual había participado secreatamente en alguna ocasión, me habló de él.

-Cass... -le dije a nustro Impertor-. No piense, señor, se trata de Butcher Cass: un maleante, un ladrón, un asesino... una sombra -y observé las caras iluminándose de aquellos seres-. Ni siquiera el Imperio ha podido atrapar a ese tipo, ni siquiera se sabe cuál es su cara...

-Entiendo..., ¿qué hará aquí? -preguntó Phar-al-Bankle-, y sobre todo, ¿tendrá algo que ver con la Cofradía de Éberon?

Ese día ganamos muchos adeptos, sobre todo porque nuestra estancia en aquella luna durante unos meses fue decisiva para el impulso inicial de aquella comunidad. Lo cierto es que nuestra estancia se alargó para intentar obtener algunos datos de las verdaderas intenciones de un embrollo que sospechábamos que había comenzado a surgir.

Días antes de despegar rumbo a Pharmaren, un convoy espacial irrumpió en el espacio aéreo del satélite, de forma hostil, disparando un fuego básico contra nuestro perimetraje y nuestro vehículo. ¡Tenían inscritas la marca de la Cofradía de Éberon en los costados de sus naves! Rápidamente destruyeron todo nuesro aparataje y un pelotón de infanería de La Partícula se desplegó desde las alturas, disparándonos y tomando posición en tierra al mismo tiempo. El grupo de Bellatores intercambiamos durante casi una hora disparos y estallidos, aunque pronto acabaron con nuestro Impertor Phar-al-Bankle y el resto del grupo. Un disparo impactó en mi cuello, rozándolo.

Sorprendentemente, cuando quise darme cuenta, me habían retenido, inmovilizado y recostado sobre una estaca de reconocimiento que habían clavado en la superficie. Delante de mis ojos había un militante de Éberon hablando a través de un holograma con otro tipo, al que no llegué a ver..., pues estaba de espaldas el primero... Hablaban acerca de ese satélite y sobre cómo habían dado con una pequeña tripulación Abedul, la cual había sorprendida y eliminada. “Tengo algo que puede cubrir lo que te debo -dijo el militante a su interlocutor-. Es un experto guerrero, un Bellator Abedul... El muy secuaz sabe pelear de esos no hay duda... creo... creo que te vendrá bien, sabrás de sobra dónde colocarlo”.

***

Escoria tenía un brillo de lágrima azulada en los ojos, pues sus ojos se resentían al no haber parpadeado con mi historia (parecía ser de su gusto).

-Y es aquí donde termina... -le dije-, el tipo que hablaba con el miembro de Éberon era un mercenario espacial, según oí cuando me hice el dormido mientras me transportaban a su nave. Al parecer, querido, vamos a la Casa de Bunsen, ¿Has oído hablar de él?, Yo no, hasta hace poco. Por lo que oí es un cazarrecompensas... Probablemente allí... allí nos ejecuten, Escoria. ¿Te ha gustado mi historia?

Aquel ser cerró los ojos un instante, como extasiado, pero a la vez satisfecho tras oirme hablar y conocerme un poco mejor. Giró su cabeza y torció su boca, justo ante de decir algo.

-Joooder -volviendo a su típica reacción-, un soldado ¿eh?, ya veo... -dijo-, pero aún no me has dicho tu nombre...

-No hace falta -respondí-. Pronto llegaremos a “la Coordenada”, pronto nos reuniremos con nuestro di...

En esos momentos la puerta del almacén de aquella nave se abrió y la luminosidad exterior azotó nuestros rostros y cuerpos, y Escoria y yo entrecerramos los ojos de la impresión tras tanto tiempo a oscuras. Había mucho bullicio, y en comparación con todo éso (debíamos estar en algún tipo de hangar o puerto espacial) Escoria me acabó cayendo bien.

-¡Pronto veréis a Bunsen, pazguatos! -nos gritó un tipo seboso que fue quién apareció tras la compuerta-. ¡Levantad vuestros grasientos culos! ¡Vamos!

Habíamos llegado al destino.


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